Mírame: Diferenciate·Nuestra Sanidad·Pacientes

Un día cualquiera


Fuente:Blog El Gerente Mediado

The gap between their proposals for more technology and our need for more time and human interaction seem to be getting wider than ever.
( La distancia entre sus propuestas para disponer de más tecnología y nuestra necesidad de más tiempo e interacción humana parecen ser mayores que nunca)
Tomlinson. A Better NHS blog.

Jonathon Tomlinson es un médico general que trabaja en Londres; escribe un magnífico blog de lectura imprescindible (A Better NHS). Hace un par de semanas publicó en el blog del BMJ un impresionante post sobre el trabajo cotdiano de un generalista. Se titula 4 problemas, los cuatro motivos de consulta con los que acude una mujer joven, impecablemente vestida, al final de una mañana estresante, entre llamadas de teléfono y la atención a pacientes con muy variadas demandas físicas, psíquicas o sociales. La actitud amable de su paciente le hace albergar esperanzas de que tal vez pueda recuperar algo del retraso que lleva. Ella parece leerle la mente al explicarle que no llevará mucho tiempo solventar las cuatro demandas que lleva escritas. La primera es sencilla: renovar la prescripción de un fármaco, la segunda tiene que ver con su rodilla, en la que aparece un dolor intenso , que le impide continuar corriendo tras recorrer tres o cuatro millas. La tercera es la petición de realizar determinada analítica por parte de su nutricionista, a la que está acudiendo por sus problemas de colon irritable. Mientras ella busca en su bolso las peticiones, él revisa la pantalla del ordenador, desde donde varios chivatos le avisan de que debe preguntarle sobre consumo de tabaco y alcohol, medir la presión arterial o solicitar una citología.Frunce el ceño y apaga la pantalla para no irritarse más. Revisa las pruebas solicitadas por la nutricionista, y comprueba con irritación que apenas está de acuerdo con la indicación de alguna ,y que justificar su posición le va a llevar un tiempo que no tiene. Opta por solicitar a la paciente que se desnude para explorar la rodilla. El tiempo corre; la rodilla está caliente e hinchada. Piensa que puede haber algo más complicado detrás de esa rodilla y comienza a explorar otras articulaciones; Sospecha una posible artritis inflamatoria y decide realizar más pruebas y una consulta al reumatólogo. Tomlinson se imagina discutiendo con un imaginario gestor sentado en la esquina de la consulta y recriminándole su paternalismo y condescendencia con la paciente, y su manga ancha a la hora de gastar recursos.
Lleva ya 15 minutos de consulta; en otros quince tiene citada a una trabajadora social para discutir el caso de protección de un menor que le preocupa especialmente; pero aún hay dos pacientes esperando fuera. La ansiedad aumenta. El fármaco a prescribir es un contraceptivo; le toma la presión arterial para cumplir con el protocolo. Le extrae sangre para hacer una determinación analítica. La paciente le pregunta si podrá hacerle la analítica que pide la nutricionista, aprovechando que le va a sacar sangre. Miente al decir que no sabe si podrá realizar el laboratorio local ese tipo de determinaciones, y se siente mal por hacerlo. Pero no quiere pedirlos, no los considera necesarios. Decide contarle la verdad y comprueba con alivio que la paciente confía más en él que en la nutricionista. Le dan ganas de abrazarle ( es el mejor momento de la mañana) , pero mira el reloj y comprueba que ya lleva 20 minutos con ella, mientras un avisador le informa de que ya está esperando la trabajadora social.
“Hay una cosa más”, dice la paciente. El médico esperaba que lo hubiera olvidado. “Mi hermano murió en el último mes, atropellado mientras montaba en bicicleta. No puedo dormir, me paso el día llorando. No me centro en el trabajo y me preguntaba si podría tener algún día libre”. A la cabeza del médico llega inmediatamente el recuerdo de su hijo atropellado delante de él, también en el último mes; lo cercano que estuvo de la muerte y lo que hubiera sentido en caso de producirse algo tan terrible. Por supuesto responde afirmativamente, pero a la vez le propone buscar otro hueco en la agenda para poder hablar con más calma de ello, mientras su paciente llora en silencio.

Cuando por fin sale de la consulta Tomlinson se siente enormemente triste. No solo porque imaginaba el dolor de la paciente, sino porque nadie en la política sanitaria parece entender que ese nivel de complejidad y exigencia constituye el trabajo diario del médico de cabecera. Ellos mientras tanto, siguen diseñando el “futuro de Atención primaria”, pretencioso título de una de los últimos documentos del Ministerio de salud británico. Para Tomlinson no es tecnología lo que más necesita un médico general ; es simplemente tiempo.
El próximo paciente es un anciano al que alguien había depositado en la sala de espera; se había quedado dormido; tenía la cadera rota. Atenderle implica acompañarle a la camilla, subirle a ella, desvestirle y explorarle. 20 minutos más de consulta. Cuando acaba, la trabajadora social lleva 20 minutos esperando. El otro paciente se fue, dejando una reclamación. La tercera en un mes.

El día de Tomlinson es un día cualquiera. Lo viven a diario muchos médicos generales en todo el mundo. Una actividad muy diversa, escasamente sistematizable, muy compleja, que requiere una disposición especial a ser muy sensible al sufrimiento ajeno. Sin embargo para algunos , no son más que consultas rutinarias, que puede hacer cualquiera.
Lleva ya 15 minutos de consulta; en otros quince tiene citada a una trabajadora social para discutir el caso
de protección de un menor que le preocupa especialmente; pero aún hay dos pacientes esperando fuera. La ansiedad aumenta. El fármaco a prescribir es un contraceptivo; le toma la presión arterial para cumplir con el protocolo. Le extrae sangre para hacer una determinación analítica. La paciente le pregunta si podrá hacerle la analítica que pide la nutricionista, aprovechando que le va a sacar sangre. Miente al decir que no sabe si podrá realizar el laboratorio local ese tipo de determinaciones, y se siente mal por hacerlo. Pero no quiere pedirlos, no los considera necesarios. Decide contarle la verdad y comprueba con alivio que la paciente confía más en él que en la nutricionista. Le dan ganas de abrazarle ( es el mejor momento de la mañana) , pero mira el reloj y comprueba que ya lleva 20 minutos con ella, mientras un avisador le informa de que ya está esperando la trabajadora social.
“Hay una cosa más”, dice la paciente. El médico esperaba que lo hubiera olvidado. “Mi hermano murió en el último mes, atropellado mientras montaba en bicicleta. No puedo dormir, me paso el día llorando. No me centro en el trabajo y me preguntaba si podría tener algún día libre”. A la cabeza del médico llega inmediatamente el recuerdo de su hijo atropellado delante de él, también en el último mes; lo cercano que estuvo de la muerte y lo que hubiera sentido en caso de producirse algo tan terrible. Por supuesto responde afirmativamente, pero a la vez le propone buscar otro hueco en la agenda para poder hablar con más calma de ello, mientras su paciente llora en silencio.
Cuando por fin sale de la consulta Tomlinson se siente enormemente triste. No solo porque imaginaba el dolor de la paciente, sino porque nadie en la política sanitaria parece entender que ese nivel de complejidad y exigencia constituye el trabajo diario del médico de cabecera. Ellos mientras tanto, siguen diseñando el “futuro de Atención primaria”, pretencioso título de una de los últimos documentos del Ministerio de salud británico. Para Tomlinson no es tecnología lo que más necesita un médico general ; es simplemente tiempo.
El próximo paciente es un anciano al que alguien había depositado en la sala de espera; se había quedado dormido; tenía la cadera rota. Atenderle implica acompañarle a la camilla, subirle a ella, desvestirle y explorarle. 20 minutos más de consulta. Cuando acaba, la trabajadora social lleva 20 minutos esperando. El otro paciente se fue, dejando una reclamación. La tercera en un mes.
El día de Tomlinson es un día cualquiera. Lo viven a diario muchos médicos generales en todo el mundo. Una actividad muy diversa, escasamente sistematizable, muy compleja, que requiere una disposición especial a ser muy sensible al sufrimiento ajeno. Sin embargo para algunos , no son más que consultas rutinarias, que puede hacer cualquiera.

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