Medicina y Salud·Nuestra Sanidad

La diabetes y sus costes: afrontando una enfermedad con dos gafas distintas.


Fuente: Blog Médico Crítico

Los factores que influyen en el desarrollo de una enfermedad son variados y no tienen el mismo peso unos que otros. En 1974 se publicó el informe Lalonde, donde se planteaba que los problemas de salud se veían influidos por una serie de factores (genéticos, medioambientales, estilos de vida y dependientes del sistema sanitario); en la siguiente gráfica se observa la ponderación que se dio a cada uno de esos factores y el peso que representaban en el gasto en salud.

Posteriormente se han desarrollado otros modelos para entender qué factores actúan determinando la salud de poblaciones e individuos (recomendamos ver la presentación de resumen de Rafa Cofiño al respecto), y se han postulado distintas ponderaciones para ver qué factores influyen más o menos.

¿A qué viene hablar hoy de esto? Resulta que en el día de ayer leímos un artículo de Federico Relimpio (“Nuevo tsunami farmacológico en diabetes: No con mis impuestos“) en el que hablaba de cómo una nueva generación de medicamentos antidiabéticos amenaza con hacer lo que ya hizo la generación anterior: multiplicar el gasto sanitario público en antidiabéticos orales sin que esto suponga ningún tipo de mejora en la salud de la población con respecto a la medicación previamente disponible (igual -o más- eficaz, más segura y menos costosa) [con respecto a la generación anterior de antidiabéticos podemos leer la presentación que Federico hizo en un congreso de la Sociedad Andaluza de Endocrinología y Nutrición titulada “¿Puede una sola enfermedad cargarse el Sistema Nacional de Salud?“).

Uno de los principales determinantes del desarrollo de diabetes son el sedentarismo y la obesidad. Como podemos observar, la obesidad no se distribuye de forma homogénea en todas las clases sociales, sino que es mucho más frecuente en los trabajadores manuales, mostrando unas diferencias con los trabajadores no manuales que se han ido incrementando en las últimas décadas.

¿Quiere decir eso que si prestáramos más atención al nivel socioeconómico -educación mediante, generalmente- disminuiríamos la prevalencia de diabetes y harían falta menos antidiabéticos orales?

Para responder a esa pregunta vamos a utilizar la “County Health Calculator” (desarrollada dentro del proyecto “County Health Rankings“). Cojamos, por ejemplo, el estado de Arizona, cuya situación en lo relacionado con nivel educativo, nivel de renta, mortalidad, prevalencia de diabetes y costes derivados de la diabetes es la siguiente:

Si incrementamos en un 5% la variable del nivel de renta y de educación, la situación de Arizona sería la siguiente:

Es decir, una disminución de la tasa de mortalidad, de la prevalencia de diabetes y de los costes relacionados con la diabetes.

Ante enfermedades tan complejas y de causa tan multifactorial como la diabetes (o la enfermedad cardiovascular) podemos actuar al final de la cadena (incrementando los costes sanitarios y teniendo poca repercusión en salud, especialmente si se hace con medicamentos cuya evidencia científica es ciertamente limitada) o actuar en los determinantes de la aparición de la enfermedad desde un punto de vista comunitario.

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