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Un Pequeño Cuento


Muchas veces mis pacientes y mis compañeros me han oído contar un pequeño cuento sobre como se dispensa la relación entre los diferentes niveles de asistencia sanitaria en nuestras islas.

El cuento podrá ser más exacto, más veráz o más idóneo, pero refleja el sentir de muchos de nosotros cuando está presente en reuniones de equipos donde se comparte la visión holística de la medicina y del cuidado de los pacientes, pero donde se siente el “retener” y el llevar “a la saca” el mayor poder para cada estamento.

El cuento tiene muchas variaciones, sobre todo en la profesión de las tres casas, para lo más coloquial el oficio es uno tan antiguo que para no herir sensibilidades no usaré en la versión que aquí expongo.

El Cuento de las Tres Casas

Erase una vez una sanidad representada u hospiciada por tres casas diferentes. Estas casas de relaciones eran visitadas por multitud de personas diariamente y entre ellas había una relación especial.

Las tres casas genéricamente se hacían llamar Relaciones Primaria, Relaciones Secundarias y las Grandes Relaciones, y según entendía la gente tenía que pasar de una en una para poder llegar a las otras, porque cada problema de relaciones tiene su propia lugar.

El gran inconveniente es que las personas con problemas en relaciones no sabían que estas casas no se hablaban entre sí, y eso que se encargaban de curar los problemas de relaciones, y que cada una quería dominar a la inferior a ella.

La casa de Relaciones Primarias vivía en el caos absoluto, ya que los problemas cada vez eran más y el resto de las casas reducían la posibilidad de enviar algunos de estos a ellos, a pesar de que fuesen propios de otras casas.

La casa de Relaciones Secundarias intentaba poner orden entre sus equipo para tratar las relaciones lo mejor posible pero con número de casos diarios “clauso” y, cuando esto se les iba de las manos no sabían más que echarle la culpa a la casa de Relaciones Primaria y establecer directrices de como ellos tenían que trabajar.

La casa de las Grandes Relaciones era un mundo aparte, ellos hacían lo que querían, siempre se quejaban de no tener recursos suficientes, y que sus asuntos se podrían tratar en otras casas. Además se autodenominaban Los Especialistas en Relaciones, considerando al resto de miembros pequeños colaboradores sus grandes logros.

Cada vez que las tres casas se reunían, la de Grandes Relaciones solía imponer normas, no escuchaba al resto y lo que ellos hacían era lo correcto. No más el resto los denominaban los “Amos del Protocolo de Actuación”. La de Relaciones Secundarias compartían miembros con la de Grandes Relaciones, pero a pesar de ellos, los jefes de la segunda intentaba imponer sus directrices, limitaba la expresión de los de las Relaciones Secundarias y, si les molestaban mucho, los aislaban del resto.

El gran perjudicado era los de las Relaciones Primarias, no tenían ni voz ni votos, las decisiones más perjudiciales para los clientes eran ejercidos por ellos (recortes, ayudas, …) y además le decían siempre que “todo lo que hacían estaba mal” y “óyenos que nosotros somos los que sabemos”.

Las cosas se movían siempre en los mismos límites, mientras que los grandes benefactores de estas casas querían más beneficios con el menor gasto posible.

Y llegó una doble marea, por un lado una crisis en las vidas hizo que los problemas de relaciones aumentaran, o bien nadie supiese ahora como tratarse una simple alteración, y por otro lado la gente crecía y crecía, y los expertos en relaciones eran los mismos.

Esto hizo que Relaciones Primarias se cargara de tantos problemas que sus casas estaban al borde del colapso, y pidió ayuda a Relaciones Secundarias. La respuesta era obvia, y se esperaba, simplemente que ellos ya veían muchos problemas y que no les mandaran más, y además si me los mandan van a esperar meses y meses para poder acceder a nuestras casas.

Ni que decir que Grandes Relaciones estaba en otra liga, con él Primaria no podía hablar y Secundaria se las tenía que apañar, porque en esta casa solo se veían grandes problemas.

Pero los benefactores solo querían oír a los que le pagaban y aquellas personas con problemas de relaciones tenían que ser atendidos, así se creo unas órdenes para las casas para siempre estar abiertas.

Pero como en todo, las peores fueron para Primarias, que tendría que ver todos los problemas que entraran por su puerta, y era el afectado quién decidía si un problema era para hoy o podía esperar. 

Y la historia prosigue pero el final ya lo sabeís, las casas de Relaciones Primarias intentaban atender los problemas pero cada vez, por falta de tiempo y personas, a estos se les ponían un parche y, en días volvían igual o peor; las casas de Relaciones Secundarias buscaron soluciones dirigidas a seguir atendiendo pocas relaciones con las personas que tenían, llegando a generar grandes listas de espera en sus casas; y Grandes Relaciones tuvo un gran problema, y es que alguien le abrió el pozo de una puerta directa, sobrecargandose a las pocas semanas, y generando más problemas.

Los sabios llaman a esa puerta el Abismo de los Problemas, pero la tradición la denomina Urgencias.

 

Un comentario sobre “Un Pequeño Cuento

  1. Con , mil y mis cariños, te olvidas, de una cuarta cas, donde habitan los usuarios del sistema, que
    no sabén , no contesta, en mayoría, mientras, de las 3 casas puedan recibir sin tener que ser copar
    tícipes ni responsables en momento alguno.
    Y te olvidas de otro pequeño detalle , la” AP”, nunca fué una casa aluso, sino, más bien” L republica
    Independiente de mi casa”.
    Un saludo.
    Way y enhorabuena, por que el cuento es interesante.

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