Docencia

Fiebre y uso de antipiréticos en niños …y en adultos


Vía: Blog el Supositorio

La revista Pediatrics publica en su último número un informe sobre la fiebre y el uso de antipiréticos en niños. Automáticamente, la presencia de fiebre, aunque sea leve y asociada a enfermedades virales banales respiratorias o no, provoca la prescripción automática de analgésicos antipiréticos pautados de una forma horaria regular que impida la aparición de cualquier elevación de la temperatura corporal. El uso de paracetamol e ibuprofeno es la norma, tanto en los niños como en los adultos.
El informe nos recuerda aspectos tan elementales como:

La fiebre en un niño es uno de los síntomas clínicos más comunes que valoran los pediatras y otros profesionales de la salud y una causa frecuente de preocupación de los padres. Muchos padres administran antipiréticos, incluso cuando la fiebre es mínima, dado que les preocupa que el niño deba mantener una temperatura “normal”. La fiebre, sin embargo, no es la enfermedad primaria, sino un mecanismo fisiológico que tiene efectos beneficiosos en la lucha contra la  infección.

No hay evidencia de que la fiebre se empeora el curso de una enfermedad o que produzca lesiones neurológicas a largo plazo u otras complicaciones. Por lo tanto, el objetivo principal del tratamiento del niño febril debe ser para mejorar el confort general del niño en lugar de centrarse en la normalización de la temperatura corporal. Debemos aconsejar los padres o a los cuidadores de un niño febril que los importante es el bienestar  general del niño, observando los signos de enfermedad grave, fomentar la ingesta de líquidos adecuada y el almacenamiento seguro de antipiréticos.
Se ha generalizado, asimismo, el uso combinado de paracetamol e ibuprofeno, al respecto el informe nos recuerda:
La evidencia actual sugiere que no hay ninguna diferencia sustancial en la seguridad y la eficacia del paracetamol y el ibuprofeno en el cuidado de un niño generalmente sano con fiebre. Hay pruebas de que la combinación de estos dos productos es más eficaz que el uso de un único agente; sin embargo, existe la preocupación de que el tratamiento combinado pueda ser más complicado y contribuir al uso inseguro de estos medicamentos. Los pediatras también deben promover la seguridad del paciente mediante la promoción de fórmulas simplificadas, las instrucciones de dosificación, y dosificadores adecuados.
Todas estas consideraciones son útiles para la población adulta, sobre todo si hablamos de ancianos, por ejemplo. Cuanto más complicamos una pauta posológica, más posibilidades hay de error. Si decimos a un paciente que usa varias medicinas de forma crónica que se trate su fiebre con una dosis alternante de 650 mg de paracetamol y 600mg de ibuprofeno cada 4 a 6 horas, podemos trastocar un equilibrio terapéutico.
Lo importante, no es la fiebre, sino lo que lo produce. Los pacientes deben conocer esta máxima y aliviar con pautas simples las molestias asociadas a la fiebre si ellos lo consideran así. Para ello, cuidar la dosis de paracetamol (nunca recomendar el famoso 1gramo cada 6 horas) y recordar que el ibuprofeno es un AINE, teniéndolo en cuenta en la población anciana, hipertensa o con otra patología crónica.

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