Medicina y Salud·Pacientes

Cómo amargarle la vida a un niño


Hace unos días recordaba en otro blog esta cita que encontré en el libro de Petr Skrabaneck “La muerte de la medicina con rostro humano“.

En un conmovedor artículo un cardiólogo nos cuenta que había descubierto a su hijita Ariel de cuatro años cogiendo a escondidas del frigorífico un pedazo del helado que la abuela había traído para postre. “Por las conversaciones que escuchaba en casa, Ariel sabía que debía evitar las comidas ricas en grasas saturadas y colesterol”. La niña se sintió culpable y su padre se sintió culpable de que ella se sintiera culpable. El padre se sintió aún más culpable por no haber medido el colesterol de la niña todavía, pero se consoló a sí mismo pensando que “no había acuerdo entre los expertos sobre la edad a la que se debía iniciar el despistaje del colesterol en niños”. ¡Pobre Ariel!

Por lo que se ve, por aquel entonces los “expertos” no se atrevían a proponer una edad a partir de la cual comenzar a amargarle la vida a los críos con el colesterol y estos mitos purgativos tan de adultos. Pero ahora ya sí se sienten legitimados para establecer el momento en que ésto sea posible: los nueve añitos. La misma edad que esta cría de la foto.

Así de clarito lo dicen “los expertos”: “The preventive health work against atherosclerosis should be started in childhood, as the early risk factors matter“.

Uno podría pensar que dicha recomendación sale de algún ensayo clínico en el que haya analizado si un grupo de niños con una edad media de 9 años y a los que se haya analizado el colesterol, realizado pruebas genéticas para detección de alteraciones lipídicas, sometido a pruebas de cribado de diabetes tipo 1, tomado su tensión arterial, pesado y tallado y se hayan puesto a régimen dietético y atiborrado a estatinas para reducir su riesgo cardiovascular, al cabo de 20, 30 o 40 años, se mueren menos de infartos o de ictus que los niños a los que no les hacemos esas perrerías.

Pero no. Ingenuo del que lo piense…

Los expertos se basan en 4 estudios de cohortes, no en ensayos clínicos (menor calidad de evidencia científica). Y los resultados que midieron no eran si tenían o no menos infartos u otros tipo de enfermedades cardiovasculares, sino el grosor de las capas intima-media de la arteria carótida. Este parámetro algunos lo consideran una variable subrogada correlacionada con la enfermedad cardiovascular, pero otros le restan importancia y lo degradan al rango de simple marcador sin capacidad predictora.

Con estos datos en la mano es, cuando menos, cuestionable intervenir tan temprano y de una forma tan agresiva sobre todo niño de 9 años. Por eso quizá quieran afinar un poco más, y ver la forma de seleccionar a las personas que más se beneficiarían de una intervención agresiva, con fármacos, para reducir el riesgo.

“what remains unknown,” says Gidding, “is how to select those individuals who would most benefit from aggressive, pharmacological intervention to lower risk.”

El caso es medicalizar a cuanta más gente y cuanto antes comencemos mejor.

¿Porqué no dejamos a los críos crecer y vivir en paz?

Via Blog Salud Y Otras Cosas de Comer

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