Historias de Medicina … Experiencias


Miles y miles de historias vivimos día a día en nuestras consultas. Algunas propias, otras relatadas por nuestros compañeros, algunas vividas otras vistas.

Algunas de estas Historias, pequeñas realidades, se merecen quedar reflejadas en este blog, o en cualquiera, para el conocimiento de todos, pero sobre todo, para el sentimiento de todos.

Don Antonio es un paciente de unos 70 años largos. Su casa se encuentra en una de las múltiples curvas del Macizo de Anaga, a gran distancia de las zonas urbanizadas, necesitando desplazarse incluso para comprar sus alimentos.

Don Antonio ha pasado la última noche con un intenso dolor en su pierna derecha. Esa pierna que su médico de familia había visto tantas veces y que en la última semana, por sus enfermedades de base, por eso que él llamaba exceso de azúcar, había sido tratada por dolor neuropático.

Hoy, tras esperar toda esa noche de angustioso dolor, autotratándose con remedios de la abuela, introduciendo la pierna en agua caliente con sal, se levanta, sin haber pegado ojo, para dirigirse al Centro de Salud de Urgencias.

La primera guagua (autobus en mi tierra) no pasa hasta las 7 am y todos sus familiares están lejos, pero hoy ha tenido suerte, ya que uno de sus primos ha bajado a traerle un poco de alimentos de su huerta y se lo ha encontrado doloroso, por lo que lo ha desplazado hasta el Servicio de Urgencias.

8 am, veo a Don Antonio, que me relata su historia. Exploro esa pierna y me doy cuenta que ha perdido su coloración habitual, su temperatura y además, solo rozándola duele. La pierna desde el tobillo está fría, inflamada y dolorosa.

Le tomo el pulso tibial, y tras un segundo de duda, mis dedos lo perciben.

Hablo con Don Antonio y le cuento lo que puede tener, dudo entre varios diagnósticos, algunos graves con riesgo de pérdida de su pierna. Esto sería algo muy grave para Don Antonio, que precisa de sus piernas para desplazarse a todos los lugares.

Además, no tiene desplazamiento posible para el Hospital, ni dinero suficiente para un taxi. A veces un profesional piensa que en situaciones especiales las ambulancias deberían trasladar a determinados pacientes, a pesar de que su patología no sea extremadamente grave, pero su situación social debería influenciar.

Don Antonio me dice que no me preocupe, que va a coger dos guaguas y llegará a urgencias. Me despido de él y en este acto de “Adios y Preocupación” me relata historias de su pasado, de su profesión y me invita, si algún día subo por su casa a un vaso de su vino propio.

Don Antonio se va y llega mi siguiente paciente …

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